Subte demorado por un perro


Ayer a las 18 tomé el subte A en Río de Janeiro. El andén estaba repleto, señal que había alguna demora. El tren venía lentamente. En eso, vi pasar un perro cocker por la vía. Una mujer que estaba sentada en el borde del andén se lanzó a la vía para atrapar al animal, pero el hombre que la acompañaba la hizo subir otra vez, ante la inminente llegada del tren. Subí en el primer coche, donde tenía lugar una discusión acalorada entre dos jóvenes, uno de los cuales opinaba que el tren tenía que ir a la velocidad normal y pisar al perro, mientras que el otro sostenía lo contrario. Aparentemente, esa era también la postura oficial de la empresa. Salimos de Río de Janeiro y llegamos a paso de hombre (o más bien de cocker corriendo) a Castro Barros. Por alguna razón, el perro no se corría a la vía de al lado sino que huía por nuestra propia vía. En Castro Barros algunos empleados trataron de capturar al can, sin efecto. Por lo tanto, tuvimos que recorrer a velocidad ínfima el tramo hasta Loria. Allí fallaron otra vez los intentos de atrapar al perro, así que seguimos a velocidad reducida hasta la subida de Plaza Miserere. Allí el perro aparentemente se habría empacado, porque el conductor detuvo el tren en la pendiente. Esto causó una fuerte patinada cuando volvimos a salir.
Finalmente, llegamos a Plaza Miserere y el perro se refugió abajo de la formación estacionada en el andén de al lado. Allí me bajé del vehículo y me quedé a ver el rodeo. Un policía y tres empleados de Metrovías se afanaban para localizar al animal y llevarlo al andén, pero su labor se veía dificultada porque en cuanto salía un tren llegaba otro, porque se habían acumulado muchas formaciones demoradas. Según comentó uno de ellos, el perro estaba vagando en la línea desde ayer. Finalmente, cuando se descomprimió un poco la línea y la demora entre trenes fue más larga, uno de los empleados consiguió enlazar al perro y llevarlo al andén. Allí esperaron la llegada de un veterinario y de un policía, dado que el perro había mordido a alguien en Castro Barros y había que determinar si tenía rabia o no. El tren tardó 15 minutos desde Río de Janeiro a Plaza Miserere y la captura del animal tomó otros 20 minutos, pero finalmente los empleados multifuncionales de Metrovías lograron dominarlo. El perro se tranquilizó cuando lo enlazaron, así que le pudieron dar agua y acariciar sin problemas.

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