El primer beso la mujer el rostro trasplantado

Se trata de uno de los desafíos más difíciles que debe encarar Isabelle Dinoire, la mujer cuya cara fue destrozada por su perro. Luego de dos años de prácticas, casi logra su objetivo
La primera mujer en el mundo que recibió un trasplante parcial de la cara ya “casi” puede dar un beso, según la autora de un libro sobre la aventura humana y médica de esa primicia. Se trata de Le baiser d`Isabelle, que sale a la venta el próximo jueves, de la mano de Noelle Châtelet, a la que le gusta definirse como “escritora testigo” y que siempre estuvo apasionada por temas relacionados con el cuerpo. Según cuenta en Journal du Dimanche, le fascinó la “metamorfosis” de Isabelle Dinoire, la joven mutilada de forma atroz por su perro en mayo de 2005 cuando estaba en un estado comatoso tras haber ingerido somníferos. Durante meses, Dinoire escondió su rostro de “monstruo” detrás de una máscara. El 27 de noviembre de 2005, en Amiens (norte de Francia), un equipo médico le trasplantó parte del rostro de otra mujer: el triángulo nariz, labios, barbilla. Châtelet, que desarrolló lazos muy fuertes con su heroína, con la que se reunió muchas veces, entrevistó repetidamente, a lo largo de 18 meses, a los dos equipos médicos de Amiens y de Lyon que efectuaron esa primicia mundial. Sylvie, la médica y confidente a la que Isabelle dijo “gracias” cuando le tendió un espejo al día siguiente de la operación, le había advertido de que “lo único de lo que nadie está seguro es que un día puedas dar un beso”. Tenaz, Isabelle se entrenó a diario para tratar de amaestrar ese músculo circular, el mismo que los bebés utilizan para mamar, y ahora casi lo consigue, se alegra la autora del libro. Casi dos años después de la operación, la joven “va bien. Come, bebe y sonríe como cualquiera”, asegura la escritora. Y la sensibilidad de su nuevo rostro es perfecta, contaron sus médicos en un congreso sobre trasplantes en Austria a comienzos de mes. Para Châtelet, se trata de “un renacimiento que va mucho más allá que la reconstrucción física” de Isabelle, quien es ahora “depositaria de la donación de otra persona, lo que la hace evidentemente mucho más fuerte”. La joven piensa “cada día” en la donante muerta como a “una gemela”, a la que al principio hablaba y daba las gracias. Recuerda el día en que descubrió que le crecía vello en la barbilla, lo que nunca había tenido en su rostro propio: “Tú ves que es tuyo, pero al mismo tiempo que ella está aquí”. Pese a la ayuda de los psiquiatras, Isabelle se siente a veces perdida en la búsqueda de una identidad recompuesta y se preocupa por la renovación de su documento de identidad, porque el día que deba sacarse una foto de hoy, “me habré ido de verdad”. La joven, que se mudó, continúa acudiendo una vez por semana al hospital de Amiens para sesiones de fisioterapia y ver a los médicos y al psiquiatra. También acude periódicamente al hospital de Lyon, que vigila su tratamiento inmuno-supresor, que deberá tomar de por vida.
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