Pirañas asesinas en Formosa: ya atacaron a miles de vacas

El fenómeno afecta a 1.250 familias. La mayoría son pequeños productores ganaderos que viven en uno de los humedales más importantes del país. Los lugareños denuncian, además, que los quieren echar de sus tierras.
En las arrugas de don Silverio Cuellar, que vive a unos 1.500 kilómetros de Capital Federal, hay algo más que huellas de una vida sacrificada. Si la angustia pudiera escribirse sobre la piel, en su cara ajada se podrían leer los versos más tristes esta tarde.Estamos en Formosa, con la vista clavada sobre unas osamentas de vacas que, como moscas, fueron muriendo en los últimos meses. Misteriosamente, no. De las casi 300 mil cabezas de ganado que viven en la zona conocida como Bañado La Estrella (todas pertenecientes a pequeños productores), aproximadamente 40 mil sufrieron daños, según datos de la Asociación de Productores del Bañado La Estrella (APROBAE), que está en continuo contacto con sus pobladores.Algunas, como las del señor Cuellar, murieron de hambre. Otras fueron víctimas de pirañas, animales que, quién sabe cuántos son, quedaron atrapados en algunos embalses y con precisión quirúrgica arrancan los pezones de las vacas que mojan sus patas.El bañado La Estrella es un gran espejo azul que los científicos denominan humedal. Tiene 400 mil hectáreas y se formó naturalmente hace unos 60 años; incluye esteros, pantanos y lagunas de agua dulce. Es “un área significativa para la biodiversidad, entre otras razones porque es un sitio de concentración de fauna, nidificación y alimentación de aves”, describe Pablo Herrera, coordinador del Programa Gran Chaco, de la Fundación Vida Silvestre. Alterado, hoy es el escenario de un desastre ambiental, en un lugar que ya sufre el azote de la pobreza.Sus aguas suben o bajan en distintos meses del año, pero desde que se le agregó altura a un terraplén en la ruta 28, todo cambió. Ahora, en algunos sectores, el agua se embalsa y con ella se quedan (y multiplican) las pirañas. En otros, las corrientes ya no llegan y los pastos se secan. Como tampoco hay dinero para forrajes, las vacas que alguna vez fueron lecheras hoy se ven descangayadas y flacas. Eso entristece a don Cuellar y a sus vecinos.”Están sin chichís (pezones), llegaron al corral chorreando sangre”, cuenta Ramona Vera -del paraje El Salado- mujer fuerte pero con cara de desesperación. Sus chanchos están flacos, y de las 170 vacas que tenía, le quedaron 30, todas con ubres planas y unos botones negros en lugar de pezones. Las pirañas siguieron sus instintos. Según explica Sergio Gómez, ictiólogo del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, “se ponen locas cuando se sienten atrapadas”.Chañares, duraznillos, algarrobos, los caminos en medio del bañado parecen páginas de una de las enciclopedias vegetales más completas del mundo. Belleza por todas partes, y en un sector que se conoce como El Vertedero, la postal más increíble de biodiversidad: fondo azul cielo, verde vegetación y aves blancuzcas posando en copas de árboles cubiertos con unas enredaderas que les aprietan el talle; más allá, carpinchos y yacarés que engañan con su timidez.Diseminadas alrededor de ese paisaje viven 1.250 familias, la mayoría subsiste gracias a su economía adaptada a los vaivenes del bañado. Cuando llega el agua se corren, cuando se va, vuelven. Así, medio trashumantes, se acostumbraron a seguirle el pulso mes a mes, pero ahora perdieron el rumbo.”Yo no sé qué han hecho, pero a mí no me crecen más los pastizales y los animales se me mueren de hambre”, cuenta doña Celsa, esposa de Felipe Torres, del paraje La Cincha. En medio de sus tareas, hace una pausa para contar su desgracia: “Por lo menos, una por semana se muere, allá hay una agonizando”. Espectáculo horrible ver a una vaca tirada sobre pastos secos y con el destino marcado.”La elevación de 45 centímetros de la ruta 28 sobre una zona inundable es un proyecto ambientalmente absurdo que viola los derechos de las personas del lugar. Es típico de gobiernos feudales que promueven obras a espaldas del ecosistema y de sus pobladores”, se exalta Raúl Montenegro, biólogo y presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM).La respuesta por el lado oficial no se hace esperar: “Estas obras se hacen para distribuir mejor el agua, para que las zonas con escasez se beneficien; en ellas viven unas 70 mil personas. Es verdad que se ven afectadas unas 20 personas pero estamos en conversación con ellas para evaluar los daños y ayudarlas. Estamos hablando de un beneficio para 70 mil personas y un perjuicio para 20. Sobre las pirañas, siempre hubo”, explica Rafael Silva, titular de la Unidad Provincial Coordinadora del Agua, de Formosa.Clarín recorrió el bañado y pescó, en 10 minutos, 12 pirañas. Y en el corte de la ruta 81, hizo contacto con 170 representantes de distintas familias. Protestaban porque, según comentan, hay planes para sacarles sus tierras y porque ya no quieren que se le mueran los animales. “La obra desarrollada por el gobierno de Formosa en la ruta 28 corta el espacio del Bañado, represando sus aguas. Al producir una inundación permanente de gran superficie destruye sus dinámicas ambientales”, se enoja Leonardo Dell’Unti, de la ONG Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo y vecino de Las Lomitas, ciudad cercana al Bañado.El párroco de la zona, Francisco Nazar, se suma a los pedidos y denuncia: “A Formosa van entrando sigilosamente empresas extranjeras que en nombre de la producción y el progreso vienen a ocupar tierras”. Todo mal.
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