Los cerdos disfrutan de la música con un concierto exclusivo

La música amansa a las fieras y nada mejor para comprobarlo que un concierto exclusivo para una treintena de cerdos a cargo de un cuarteto clásico de cuerda que acogió una granja del barrio logroñés del Cortijo, dentro de los actos conmemorativos el Día Europeo de la Música.


Entre las piezas que degustó tan peculiar auditorio en los veinte minutos de recital figuraban el “Canon” de Pachelbel; la “Cantata 147” de Johan Sebastian Bach; el “O son do ar”, de Luar Na Lubre y el “A mi manera”, de Frank Sinatra.

Esta última pieza no figuraba en principio dentro del programa original, pero hubo de interpretarse en vista del éxito cosechado.

“Lo de este concierto no es nada más que una provocación, con el objetivo de que la gente valore la música en directo y que reconozca la labor que hacemos”, afirmó Eusebio Díez, coordinador de la Escuela Piccolo y Saxo y uno de los organizadores de esta curiosa iniciativa.

Díez dice que no hay constancia de un acontecimiento semejante a éste que, según recuerda José Luis Birigay, otro componente de la escuela, se gestó después de un concierto de esta escuela de música, cuando se acercó hasta ellos uno de los propietarios de la granja para agasajarles con una ristra de sus productos.

Con buena intención
Entre tapa y tapa y entre vino y vino de Rioja, éste les propuso que fueran a tocar a sus instalaciones para mejorar la calidad de la carne de sus guarros, lo que les pareció una idea un tanto descabellada a todos ellos.

“En realidad, al principio, nos hizo mucha gracia y no nos lo tomamos muy en serio, pero a medida que iba pasando la noche la cosa nos terminó de convencer”, afirmó Birigay, que recuerda que ese día todos terminaron ebrios y no precisamente de emoción por la genial idea que acaban de concebir.

Después, más sereno, Birigay reconocía que esta iniciativa no era más que “un esperpento” que, sin embargo, servirá por su exageración para que las personas reflexionen por unos segundos acerca de la música y para que los propios guarros pueda disfrutar de un deleite casi siempre reservado a los seres humanos.

“Espero que esta no sea la única iniciativa que acojamos”, afirmó Carlos Rituerto, uno de los responsables de la empresa Ganados Treviño, propietaria de la granja, que se muestra incluso dispuesto a que sus puercos asistan a una representación de alguna pieza de ballet entre las encinas y coscojas de la granja.

Lo importante, dice, es que los quinientos cerdos de la raza duroc que se crían en régimen de rotación en sus instalaciones en régimen de semilibertad se muevan para que su carne sea más exquisita antes de ser sacrificados para hacer chorizos de gran calidad.

De momento, lo que se desconoce y parece difícil que se pueda llegar a comprobar es si el efecto balsámico del concierto habrá servido para mejorar la carne de los gorrinos, una gran parte de los cuales terminó suavemente acurrucado entre las hierbas escuchando los últimos acordes de la música.

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